Ninguna otra planta en el mundo ha tenido en la historia de la humanidad una mayor valoración que el olivo. Ha marcado decisivamente en el ámbito mediterráneo la cultura, la salud y el cuidado corporal. Desde milenios son el aceite que se saca de la fruta, el té y los elixires de las hojas parte integrante de la alimentación de los pueblos alrededor del Mediterráneo.

De generación a generación se pasaban y se siguen pasando el uso tradicional, las recetas secretas y los nuevos descubrimientos de los sorprendentes efectos del árbol de la vida. De esta forma se han podido salvar hasta hoy en día los conocimientos antiguos. La historia del olivo comienza en Mesopotamia hace ya más de 7000 años, siendo por lo tanto la planta cultivada más antigua del mundo. También en el antiguo Egipto usaban las personas las riquezas del olivo para la salud y para la belleza. La hoja del olivo representaba para ellos el símbolo del cielo, y la usaban para embalsamar a sus reyes. Los antiguos helenos consideraban santo el olivo, y Homero, el más antiguo poeta de occidente, alababa el aceite de su fruto como oro líquido.

Productos derivados del olivo eran parte esencial para la medicina, y para el cuidado corporal y de la piel para los antiguos griegos y romanos. En la Biblia se habla del »Rey de los Árboles«, cuyo fruto se usaba para la alimentación y sus hojas para la medicina. Se aconsejaba el uso de las hojas del olivo para hacer té y se usaba el aceite de oliva y de las hojas contra las infecciones, contra la fiebre y contra el dolor.

Llegados a la actualidad se precipitan los acontecimientos, dado que los conocimientos antiguos de la fuerza vital del olivo para las personas, no solo se constatan con investigaciones científicas modernas, sino que se superan con creces.