
La respuesta fué lo que me predijeron ya a principios de los 20 sol, luna y estrellas:
Tierra, olivos y trabajo creativo bajo el sol sureño. Era un sentimiento increíblemente cálido y acogedor, y pensar en ello me
proporcionaba un sentimiento de completa satisfacción.
Estudié muchos años el olivo y la correspondiente historia de 7000 años. Aprendí cómo se produce aceite de realmente alta
calidad, aprendí de la sabiduría de siglos la vitalidad maravillosa del olivo, del aceite y de las hojas del olivo y de las recetas
basadas en él para el tratamiento interior y exterior. Me fue dado estar presente cuando se producía el »primer elixir« de la hoja
del olivo, y tuve la incalculable suerte, de poder experimentar en mi propio cuerpo la vitalidad del olivo.
En mí maduró la determinación y la visión de compartir con otras personas el olivo, base de recetas ancestrales del ámbito
mediterráneo, que radican en la sabiduría de los lugareños y que llevan en sí la vitalidad del olivo.
La vida me depararía todavía una gran sorpresa. En esta nueva fase de mi vida conocí a Alexandra Heydiri, que se convertiría
en la mujer de mi vida. De ella obtuve no sólo apoyo para todas mis actividades, mucho más, mi mujer se identificó completamente
con mis visiones de una vida mejor y de la naturaleza.
Lo haremos todo juntos para llevarlos a buen fin, para desarrollarlos y para llevar el olivo al mundo entero.







